La limpieza y el mantenimiento de las zonas comunes es uno de los aspectos que más influyen en la convivencia dentro de una comunidad de vecinos. No se trata solo de pasar una mopa de vez en cuando: esta tarea debe gestionarse siguiendo normativas de limpieza en comunidades y acuerdos internos que regulen cómo, cuándo y quién se encarga de cada labor.
Desde LM2, como especialistas en el servicio de limpieza de comunidades, te acompañamos para que conozcas estas normativas limpieza comunidades y sepas aplicarlas de forma adecuada en tu edificio. Más allá de la apariencia, mantener las zonas comunes en buen estado es clave para garantizar la salud, la seguridad y el buen funcionamiento de toda la comunidad de propietarios.
Fijación de responsabilidades y marco legal de limpieza en comunidades
El marco legal que regula la convivencia y el mantenimiento de cualquier comunidad de propietarios en España se basa en la Ley de Propiedad Horizontal (LPH). Esta normativa, junto con los Estatutos de la Comunidad (documento interno que amplía o concreta lo establecido en la LPH), define quién toma las decisiones y cómo deben gestionarse los bienes y servicios comunes, entre ellos la limpieza, uno de los más relevantes para el día a día.
Aunque la LPH no establece horarios ni pautas específicas sobre la limpieza, sí marca las bases para organizar todos los servicios comunitarios mediante normativas de limpieza en comunidades. La limpieza se considera una carga común y, por tanto, todos los propietarios están obligados a contribuir a su mantenimiento según su cuota de participación, salvo que los estatutos indiquen lo contrario.
La responsabilidad última de garantizar que los espacios comunes estén bien mantenidos recae sobre la Junta de Propietarios. Es este órgano quien decide si las tareas se llevan a cabo con personal contratado directamente por la comunidad o si se externalizan a una empresa especializada.
En la aplicación de las normativas de limpieza en comunidades, el presidente o presidenta juega un papel esencial. Como representante legal, actúa como enlace con la empresa de limpieza y supervisa que el servicio se desarrolle según lo acordado.
El administrador de fincas también tiene un rol destacado. Su función es gestionar de forma profesional todos los aspectos relacionados con las normativas de limpieza en comunidades: solicitar presupuestos, proponer contratos a la Junta, coordinar pagos y, en muchos casos, mantener el contacto diario con el personal de limpieza. Su conocimiento de la LPH garantiza una gestión legal, ordenada y transparente.

¿Personal propio o servicio externalizado?
La decisión de contratar un servicio de limpieza para la comunidad es, por sí misma, el primer paso para definir responsabilidades dentro de las normativas de limpieza en comunidades. Cada modalidad de trabajo presenta ventajas y desventajas, y la elección adecuada dependerá siempre de las necesidades específicas de cada comunidad.
Personal propio
Cuando la comunidad decide contratar directamente a una persona para encargarse de la limpieza, la comunidad pasa a ser su empleadora dentro del marco de las normativas de limpieza en comunidades. Esto implica asumir todas las obligaciones laborales, fiscales y de Seguridad Social asociadas al puesto.
La comunidad debe gestionar nóminas, vacaciones, bajas laborales y garantizar el cumplimiento de la normativa de prevención de riesgos laborales. Aunque esta opción ofrece un control absoluto sobre el servicio, también supone una carga administrativa considerable para el administrador o para la presidencia de la comunidad.
Empresa de limpieza (Externalización)
Cuando se contrata a una empresa de limpieza como la nuestra, la responsabilidad laboral se traslada completamente a la contratista.
La comunidad se limita a ser la cliente que paga por un servicio definido en un contrato. Esta es la opción más común y recomendada por la tranquilidad legal que ofrece. Sin embargo, requiere una cuidadosa diligencia por parte de la comunidad para verificar que la empresa cumple con todas sus obligaciones para evitar conflictos según la legislación del trabajo.
La fijación de responsabilidades en las normativas de limpieza en comunidades es un acto que comienza en la Junta de Propietarios, y su éxito radica en la claridad de los roles y la correcta elección de la vía para ejecutar el servicio.
El proceso de contratación y aprobación del servicio
Si dentro de las normativas de limpieza en comunidades la Junta de Propietarios decide externalizar el servicio, se inicia un proceso administrativo clave que influirá directamente en la calidad, la legalidad y el coste del mantenimiento de las zonas comunes.
Este procedimiento debe gestionarse con transparencia y rigor, ya que el contrato afectará tanto a las finanzas como a la seguridad de toda la comunidad. A continuación, se detallan los pasos esenciales que conviene tener en cuenta durante la contratación del servicio:
Solicitud y análisis de presupuestos
El primer paso es que el Administrador, o el presidente si la comunidad no cuenta con Administrador, solicite al menos tres presupuestos detallados a diferentes empresas como posibles opciones. La clave no está solo en el precio, sino en la calidad y el alcance del servicio que cada una ofrece.
Algunos aspectos a considerar al momento de evaluar las propuestas de las empresas, está en primer lugar el alcance y frecuencia. El documento debe especificar con exactitud qué zonas se limpian (portal, escaleras, rellanos, ascensores, garaje, patios, cuarto de basuras) y con qué frecuencia (diaria, semanal, mensual). Una oferta clara y normas bien establecidas previenen futuras disputas.
Es fundamental comprobar los seguros y garantías que ofrece la empresa. Contar con un Seguro de Responsabilidad Civil actualizado es el requisito mínimo, ya que protege a la comunidad frente a posibles daños ocasionados por el personal de limpieza a terceros o a las propias instalaciones. Además, la comunidad debe solicitar el certificado que acredite que la empresa está al corriente de sus obligaciones con Hacienda y la Seguridad Social.
Dentro de las normativas de limpieza en comunidades debe detallarse el número de horas contratadas y el personal asignado, garantizando el cumplimiento del convenio colectivo. La empresa debe aportar la maquinaria y los productos necesarios, y la calidad del servicio suele reflejarse en el buen estado de sus equipos y en las recomendaciones de otros clientes.
Por último, definir los protocolos en casos de emergencia, como derrames o averías de cada empresa, y su política de sustitución de personal en caso de bajas o vacaciones, es vital para mantener la continuidad del servicio. Una correcta valoración de estos puntos, más allá del ahorro inmediato, asegura una relación contractual duradera y libre de problemas legales.
¿Cómo se aprueba el contrato de limpieza?
El contrato de limpieza, al ser un gasto ordinario y necesario para la conservación de la comunidad, requiere ser aprobado por la Junta de Propietarios. La LPH establece las mayorías necesarias para la toma de acuerdos entre las normativas de limpieza en comunidades.
Una forma de aprobación de la empresa de limpieza es a través de mayoría simple que asista a la Junta, siempre que estos representen, a su vez, la mayoría de las cuotas de participación presentes. Una vez aprobada la oferta, el Administrador o el presidente procederá a firmar el contrato en nombre de la Comunidad.
Es importante que el contrato incluya cláusulas de rescisión claras, plazos de preaviso y una descripción detallada de las penalizaciones por incumplimiento de servicio. Se recomienda que la duración inicial del contrato sea de un año, con posibilidad de prórroga, para permitir una evaluación real del desempeño.

Gestión de horarios y optimización del servicio
La limpieza es un servicio que debe integrarse en la vida diaria de la comunidad sin causar molestias ni entorpecer el tránsito, es por esto que la claridad en normativas de limpiezas en comunidades es tan necesaria.
Una gestión eficiente de los horarios y un plan de trabajo bien definido son la clave para maximizar la efectividad del personal de limpieza, bien sea externo o contratado.
El contrato de servicio debe ir acompañado de un cuadrante de trabajo que establezca las tareas y frecuencias. No todas las zonas comunes necesitan la misma atención, por lo que es necesario diferenciar entre tareas diarias, semanales y periódicas para definir los horarios correctamente.
Algunas tareas que son diarias son el barrido y fregado de portal y escaleras principales, desinfección de puntos de contacto (pomos, botones de ascensor, buzones), y la recogida de publicidad no deseada. Por otra parte, la limpieza de cristales de la portería, desempolvado de barandillas y pasamanos, limpieza profunda de cuartos de basuras y zonas de paso secundarias requieren una frecuencia semanal.
Otras tareas de mayor complejidad y profundidad como la limpieza y desinfección de garajes, limpieza de luminarias y techos, abrillantado de suelos, limpieza a fondo de cuartos de contadores o zonas técnicas se pueden hacer de forma mensual. Todo es cuestión de organizar las normativas de limpiezas en comunidades de acuerdo a las necesidades de la propia comunidad.
Responsabilidades adicionales y claves para el éxito
El ciclo de la limpieza en comunidades no termina con la firma del contrato con una empresa. Se trata de una gestión continua que exige la atención de los responsables comunitarios. Además de la supervisión directa del trabajo, existen otras responsabilidades que la comunidad debe considerar para asegurar un entorno de trabajo justo y legal.
Hay que garantizar la seguridad y prevención de riesgos laborales y fomentar una relación de respeto mutuo entre la comunidad y las empresas para que la gestión y normativas de limpieza en comunidades sea exitosa.
No dejes al azar la salud y el aspecto de tu comunidad. Si buscas un socio que no solo limpie, sino que gestione con transparencia, profesionalidad y cumpla rigurosamente con toda la normativa legal y de seguridad, es el momento de contactar con nosotros.







